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Maestra se escribe con mayúscula

junio 26, 2013

Para ningún odisero es una novedad que Penélope tiene una raíces profundamente arraigadas no sólo a su tierra sino también a su gente y a su propia historia. Por eso el post de hoy habla de una dama que formó parte de la vida de Penélope.

A continuación podéis leer un reportaje que “a vocera de odiseas” escribió durante su breve “idilio” con la prensa. Aquellos que alcancen al punto final conocerán una odisea pura, una historia de esas que tenemos en frente de nuestras narices.

las odiseas 3 facebook

“El mejor currículum es una vida”

A veces no es cierto eso de que hay una historia detrás de cada arruga. A veces las experiencias solo se reflejan en una gran sonrisa, como la de Carmen Rodríguez Valledor. Ella es la maestra de Allande, a sus 94 años ve pasar desde su casa a las que fueron sus primeras alumnas con sus nietos de la mano y recuerda los tiempos en que tenía que subirse a lomos de su burro para impartir sus lecciones.
“La enseñanza significa una ayuda para los que no saben cosas, cosas que desconocían y quieren saber”, afirma pensativa Carmen Rodríguez, conocida por sus vecinos como “Carmina de El Profesor”. Sus grandes ojos brillantes y siempre muy abiertos, parecen ventanas al pasado de toda una generación de “jóvenes abuelos” del concejo de Allande. “La mitad de la Pola está llena de alumnos míos, unos de Cimadevilla otros del Barrio de Los Solares, aunque muchos están fuera”. La Señora maestra, como la llamaban sus pequeños alumnos hace un esfuerzo de memoria que en el fondo parece no costarle mucho, y pasa lista a sus antiguas alumnas: “Pili de Magadán, Tita la de Otonín, Clarita y su hermana mayor” y muchas más que se quedan en el tintero.
“Daba clase a algunos sin edad, desde chiquillos de menos de seis años hasta otros de quince”, y es que contemplando la nostalgia con la que relata sus experiencias se comprende rápidamente que la enseñar es para ella una vocación nacida de sus dos grandes pasiones, la cultura y los niños pequeños. “Me dediqué a esto porque tenía vocación, me gustaban mucho los niños”. No se puede negar que los niños le encantan, ella es toda una matricarca. Carmen Rodríguez ha sido esposa y madre de emigrantes y ahora es la cabeza de una familia de cuatro hijos, ocho nietos y oros cuatro bisnietos, tres chicas y un chico. Dos de ellas, las hermanas Verónica y Sofía vendrán a visitar a su bisabuela el día 29 desde Philadelphia. Y quizá la vena maternal la empujase a velar por los alumnos a su cargo. “Si veía que tardaban en ir yo avisaba a sus padres para que fuesen, porque en aquel entonces tenían que trabajar en casa y claro luego no iban a la escuela”. Tiempos que ahora parecen muy lejanos pero que para muchos fueron ayer mismo. Hace más de medio siglo, 66 años que “Carmina del Profesor” inició su andadura como maestra. Fue en el año 1945 cuando, “hice las prácticas en escuelas de Oviedo, una en el Fontón otra en la Calle La Luna y luego me vine a Piniella y de ahí a Pola”
Cada día de la semana se convirtió en una aventura, un travesía en la que poco a poco ella descubría algo nuevo de sus alumnos.”Tuve a una niña que era adoptada y lo supe un día pasando lista porque vi que sus hermanas se apellidaban Rodríguez y ella Fernández y le dije que su apellido estaba mal, ella lo negaba y sus hermanas también” Las hermanas de la niña no querían confirmar de la niña que estaba acogida en su casa, pero al acabar la clase le confesaron a su maestra estaba en lo cierto. La madre de la niña falleció y su tío, el padre de las niñas se hizo cargo de ella. “Sé que ahora está viviendo en Puerto Rico”.
Tras la gran mesa del aula nunca faltan historia graciosas que recordar: “como eran tantos los ponía a leer alrededor de mi mesa y de pronto escuché unos golpes, eran Clarita y Tita que estaban en la barra de debajo de mi mesa jugando a los cromos” Comenta Rodríguez mientras gesticula como si ella misma jugase a los cromos sobre la gran mesa de su comedor. Pero no resultaba un camino de rosas, en 1945 las infraestructuras no eran lo que se dice modernas y cada viaje, por corto que pareciera constituía una odisea. “Iba a Piniella todos los días en burro, normalmente lo cargaba con las cosas a él y yo caminaba pero también montaba a veces” Mientras el animal transportaba la comida y la libreta con la lección del día, la maestra, que conocía el camino de memoria, se dedicaba a disfrutar, un tanto despistada del paseo. “Un buen día iba sentada sobre el burro, distraída, y de pronto salió un pájaro de la cuneta y asustó al animal que dio un respingo y yo me caí de pie y menos mal que no me hice daño”, contaba sin dejar reír la veterana maestra.

Carmina El Profesor
Cada tiza gastada, cada pizarrín y sus respectivos dueños, nada se ha disipado de la memoria de esta nonagenaria, cuyo único punto débil son sus maltrechas rodillas., quizá sea que le han pasado factura aquellos juegos de recreo. “Había un campo alrededor de la escuela y jugaban a lo que llamaban “los campos” y decían para mí la señora maestra y yo me unía al juego porque así evitaba peleas, pero me elegían en cuento tenían oportunidad”
Momentos de risas que se prolongaban al interior del aula gracias a los detalles de sus “ojitos derechos”, que no siempre eran los alumnos aventajados. Pulido, ese niño era muy atento, el pobre siempre me traía leña bien seca para que encendiera la estufa y luego me preguntaba, “señora maestra ¿acabó la chenia?” detalla Rodríguez tratando de imitar la voz de aquel alumno. “En temporada de castañas me venía con los bolsillos del pantalón llenos de castañas para mí, eran tan joven, y ya se ha muerto” añade con un ademán de pena en el rostro. A otros no los olvida porque “eran muy inteligentes y se les daban bien las matemáticas”, como dos chicos del pueblo de Villavaser, a los que todavía intenta tener controlados, “sé que uno de ellos, el de Santos está en Santo Domingo”. Por algo el concejo de Allande está a la cabeza en número de emigrantes, “los que buscaban opciones se iban a América y me encantaba ver que prosperaban tras haber emigrado”. Seguramente sus caminatas hasta la escuela hubiesen sido insufribles de no ser por la donación de su maestra, “doné en su día las tierras entre Riovena y Piniella para que ellos pudieran acceder a la escuela por un camino mejorado, lo tenían muy mal con esas piedras tan grandes”

las_odiseas_de_penelope_blog_valledor_miscelanea

No todos probaron suerte allende los mares, algunos se quedaron, “las niñas de Antón del Molín llegaron a hacer carrera, una de ellas por lo menos, es que las del Molín se esmeraban por que tenían una abuela en casa que les preguntaba siempre la lección y Luisina de Olaya también estudió en Madrid” indica mientras afirma con la cabeza en un gesto típico de una mentora satisfecha.
Pero en dos años de docencia siempre hay alguna oveja negra, que paradójicamente es recordada con el mismo cariño que el resto de niños. “Tuve uno rebelde y charlatán, era huérfano y lo criaron sus abuelos, era un desastre y como yo no lo traía en palmitas se cambió de escuela, se fue a la de Celón”, y Carmina Del Profesor agrega con un aire nostálgico, “no sé que sería de ese rapaz”.
La pasión por enseñar debe ser genético, “mi nieta Ana, estudió enseñanza y una de mis bisnietas también estudió magisterio”. La duda está en si llegaran a ser tan admiradas con Carmen Rodríguez, que en 2000 recibió un homenaje de manos de sus vecinos y ex alumnos allandeses. “Nos dieron una placa a las maestras más veteranas, una a María Jesús de Uría y otra a una maestra de Berducedo”.
Y después de tantos años, ella lo sigue teniendo claro, quien tuvo, retuvo. “En mis tiempos los niños eran más dóciles, pero me gustaría volver a dar clase y con niños pequeños, porque cuando hacían bien las cosas, cuando las aprendían de verdad, daba gusto”.
Ahora veo a mis alumnas pasear con sus nietos por Pola y pienso “a ver si salen algo que sea importante para Pola de Allande”

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