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La mujer sin nombre que definió la libertad

marzo 2, 2014
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Resulta complicado definir qué es una historia, pero yo diría que hay algo que nunca debe faltar en una buena historia, la inmortalidad.

¿Cómo surge la inmortalidad? Isabel Allende siempre dice no hubiera podido escribir sus libros si lo que cuenta no hubiera pasado. La chilena afirma que no es capaz de trazar una línea entre la realidad y la fantasía, y quizá sea eso sea lo que nos ha traído al post de hoy.

El encuentro de una historia difícil de definir que merece la inmortalidad y que, en tiempos como los que vivimos nunca está de más recordar para mantener los pies en la tierra.

Rousseau definió la libertad como una condición inherente al ser humano, una condición que en los años 40 brillaba por su ausencia en España, como hasta hace poco lo hizo en Ucrania y lo seguirá haciendo en muchos lugares. Por eso es importante recordar.

historias_inmortales_las_odiseas_de_penelope

La protagonista de esta historia falleció hace años seguramente con una triste sensación de hastío sin embargo su hija adoptiva vive entre recuerdos. Ella  tiene un  rostro, unas manos castigadas por las artritis y también un nombre, pero “eso no le importa a nadie” porque como ella afirma con gran humildad, “no quiero remover rencores, ni que me cuelguen medallas de cartón”.

Pues bien, como decía corría el año 1944 en una pequeña aldea del suroccidente de Asturias. Uno de esos lugares que ahora tan de moda están para olvidar el ajetreo de la ciudad, con gallos, vacas y demás, pero sobre todo entre montes que permiten el acceso  “rápido” a Galicia.

La guardia civil, en aquel entonces al servicio del gobierno franquista, perseguía cualquier amenaza republicana que pudiese “pulular” por esas zonas tan inhóspitas y que tan bien se prestaban al dominio de los caciques.

Ella  tiene un  rostro, unas manos castigadas por las artritis y también un nombre, pero “eso no le importa a nadie” porque como ella afirma con gran humildad, “no quiero remover rencores, ni que me cuelguen medallas de cartón”.

Mientras buscaban se toparon con un maestro de escuela al que todos describían como “liberal”. Él, su mujer y su bebé recién nacido resultaban un altísimo riesgo para los cimientos de la dictadura, por eso había que eliminarlos. Iban tras ellos pero nuestra protagonista, la madre adoptiva de esta mujer de gran corazón que nos ha prestado su voz.

Ella se los llevó a los tres y los ocultó durante días en un pequeño cuarto situado bajo lo que se conoce entre los asturianos como “panera”. Escondidos, en absoluto silencio y con la comida que ella les daba esperaron a que pasara el peligro y una noche decidieron escapar hacia Galicia aprovechando, como decía, la cercanía.

Con todo dispuesto se despidieron de su salvadora y huyeron protegidos por la oscuridad.

Llegados a este punto me encantaría poder decir que nada más se supo de ellos, pero las historias no necesariamente tienen un final feliz y menos si son historias de guerra.

Desde Las Odiseas le damos las gracias a nuestra amiga por contarnos esta triste historia de valentía, una de cientos que se repiten por toda España y que nosotros no somos inmortales pero nuestra historia, sí.

 historias_de_la_guerra_civil_odiseas_de_penelope

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